viernes, 10 de octubre de 2014

Expectativas... esas saboteadoras

Todos tenemos expectativas ante cualquier cosa que emprendamos, pero hay que tener mucho cuidado en distinguir las expectativas 'reales' de cumplir ciertos objetivos, a las expectativas 'ideales' de pretender que la realidad sea otra cosa distinta de la que es.  Es normal y frecuente idealizar aquello que emprendemos, sea un viaje, una relación amorosa, un trabajo... pero esta idealización nos suele llevar a la frustración y a no disfrutar lo que sí nos aporta ese nuevo proyecto, porque estábamos esperando algo inventado.
Aún más peligrosa me parece esta idealización cuando se trata el tema de la salud.  Los milagros tal vez existan, no digo que no, pero son cuando menos, escasos.  Así que mejor no contar con ellos.  Cualquier profesional de la salud, sea de la disciplina que sea, hará todo lo que esté en su mano y su saber para ayudar a curar a una persona, pero no se pueden pedir milagros y el paciente debe poner de su parte para sanar.  No se puede pretender que tú, como paciente, te hayas enfermado, y esperes que otro, desde fuera, haga todo el trabajo para curarte... es tú cuerpo, tú enfermedad, debes ser tú quien luche por sanar.
Me parece especialmente importante hacer hincapié en esto, porque la sociedad en la que vivimos está muy acostumbrada a: me duele la tripa, pastillita pa quitarme el dolor; tengo resaca y me duele la cabeza, pastillita pa quitarme el dolor... y así lo extrapolamos a todo.  No nos responsabilizamos de nuestro cuerpo ni de nuestra enfermedad, siempre son otros, los médicos los 'ineptos' que no saben curarnos y no tú, que pretendes imposibles.  Si sabes que un alimento te sienta mal y te causa malestar... no lo comas; si mañana tienes que trabajar y sabes que cuando bebes tienes resaca... no bebas; si te has hecho un esguince en el tobillo y quieres curarte... reposa y no vayas a jugar al fútbol... y así un largo etcétera.
El problema, es que estas cosas, parecen tonterías y uno piensa, por un día no pasa nada.  No, no pasa nada por un día, el problema es que lo tomamos como hábito y lo extrapolamos a todas nuestras dolencias y enfermedades. Es la actitud lo que daña tus posibilidades de curarte, no el hecho de que lo hagas un día.  No le damos a nuestra salud la suficiente importancia y sólo se convierte en prioridad cuando estamos realmente malos.
Con las terapias naturales esto se multiplica por 10.  La gente que viene escéptica, no, claro. Y en mi opinión un cierto grado de escepticismo, para todo, es muy sano.  Pero hay gente que viene 'muy creyente' o que le han recomendado que venga a verte porque, fíjate lo mucho que ayudaste a fulanito.  Y creen que eres Lourdes.  Por muy bien que yo pueda hacer mi trabajo, el trabajo más importante lo tiene que hacer el paciente, su 'chip' mental y su voluntad por curarse son las armas más potentes en la sanación.  El terapeuta es una ayuda, un empujoncito en la dirección de la salud, una muleta para cierta parte del camino.  Pero no se puede llevar la muleta siempre, ni pretender que esa ayuda sea milagrosa y resuelva lo que tú, como paciente, internamente no estás dispuesto a resolver.
Por eso, creo que a todos nos viene bien aterrizar en tierra y dejar las expectativas ideales para las novelas y películas.  No nos hacen ningún bien.  Confiar en la vida y ser optimista está genial, es imprescindible, pero que ello no nos impida ver y sortear los baches del camino.
Gracias,
Laura
www.sanarahora.es
*Estos consejos prácticos no sustituyen en ningún caso la consulta con su médico u otros profesionales de la salud.  Son mi opinión, la responsabilidad de llevarlo a la práctica es de cada uno. Consulte con su profesional de la salud si tiene dudas.

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